Salud
Aire seco en casa por la calefacción: síntomas y cómo arreglarlo
2 de noviembre de 2026

Pasa todos los años por estas fechas. Se enciende la calefacción, la casa por fin está a gusto y a la semana empiezan las quejas pequeñas. Te levantas con la garganta como si hubieras dormido con la boca abierta, los labios se cortan, la piel de las manos tira y cada vez que tocas el grifo o el pomo de una puerta salta un chispazo. Casi nadie lo relaciona con el aire de casa, y casi siempre tiene que ver.
La explicación es física de bachillerato. El aire de fuera en invierno lleva muy poca agua, aunque el parte diga que la humedad exterior es del 80 %. Ese porcentaje es humedad relativa, es decir, cuánta agua lleva el aire comparado con la que podría llevar a esa temperatura, y el aire frío admite muy poca. Cuando ese mismo aire entra en casa y la calefacción lo sube a 21 grados, su capacidad para contener agua se multiplica y el porcentaje se desploma. Hecho el cálculo, un aire a 5 grados con un 80 % de humedad que se calienta hasta 21 grados se queda en torno al 30 % si no hay nada más que aporte vapor. En la práctica cocinar, ducharse o respirar suben algo esa cifra, pero en una casa con muchas horas de radiador es normal ver lecturas por debajo del 35 % en el dormitorio.
Los síntomas típicos son bastante reconocibles. Sequedad de garganta y de nariz al despertar, a veces con costras o algún pequeño sangrado al sonarte. Labios y nudillos agrietados. Ojos que pican, sobre todo si llevas lentillas o pasas horas delante de una pantalla. Electricidad estática en la ropa y en los pomos. Y en la casa, juntas del parqué que se abren y muebles de madera que crujen más de la cuenta. Ninguno de estos síntomas demuestra por sí solo que el aire esté seco, porque también los provocan un catarro, el aire acondicionado o simplemente beber poca agua. Son una pista, y la pista se confirma midiendo.
Para medir basta un higrómetro, que cuesta poco y muchas veces viene integrado en un reloj despertador o en una estación meteorológica de casa. Ponlo en el dormitorio, a media altura y lejos del radiador y de la ventana, y déjalo un par de días antes de fiarte del número, porque la lectura cambia a lo largo del día. Lo que buscas en invierno es un valor entre el 40 % y el 50 %. Es el intervalo que el RITE, el reglamento español de instalaciones térmicas, usa como referencia de confort con calefacción, y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) aconseja no humidificar por encima del 50 %. Ya contamos con más detalle de dónde salen esas cifras en nuestro artículo sobre la humedad ideal en casa.
Si el higrómetro marca por debajo del 40 % de forma sostenida, toca actuar, y hay cosas que no cuestan nada. La primera es bajar un poco el termostato. Con el mismo aire, la humedad relativa sube cuando la temperatura baja, y pasar de 23 a 20 grados se traduce en unos cinco puntos más de humedad, además de un ahorro en la factura. No resuelve un aire muy seco, pero ayuda y es gratis.
La segunda es ventilar bien, que no es ventilar mucho. Cinco o diez minutos con la ventana abierta de par en par renuevan el aire y se llevan el CO₂ acumulado sin enfriar paredes y muebles. Dejar una ventana entreabierta durante horas en invierno hace lo contrario de lo que buscas, porque mete sin parar aire exterior muy seco que la calefacción vuelve a calentar.
Luego están los remedios de toda la vida. Tender la ropa dentro de casa, dejar la puerta del baño abierta después de la ducha o poner recipientes con agua sobre los radiadores aportan algo de vapor, y en una habitación pequeña se nota un poco. Las plantas aportan muy poco. Sirven para salir del paso, pero cuando la calefacción funciona muchas horas al día, la cantidad de agua que se evapora así se queda corta frente al volumen de aire de una habitación entera.
Ahí es donde un humidificador tiene sentido. La condición es que lleve higrostato, el sensor que mide la humedad, y modo automático, para que pare solo cuando la habitación llega a la cifra que le marcas. Sin eso es fácil pasarse, y pasarse también tiene consecuencias. Antes de comprar, mete los metros y la altura del techo en la calculadora, porque un aparato pequeño en una habitación grande se pasa la noche al máximo sin llegar nunca.
Para un dormitorio, el Levoit NeoClassic 450S es el que mejor encaja de lo que tenemos analizado. Va a 21 dB en modo Sueño, tiene depósito para toda la noche y el modo automático evita humidificar de más mientras duermes. Si el presupuesto es más ajustado, el Cecotec BreezeCare 2900 Smart trae higrostato y 4,5 litros por bastante menos. Su objetivo de humedad no baja del 45 %, que en invierno no es un problema, y Cecotec no publica cuánto ruido hace.

En un salón la cosa cambia, porque hace falta más caudal y más depósito. El Levoit NeoClassic 650S cubre casi 50 m² en vapor frío y con app. Si además quieres vapor templado, el Dreo 713S lo ofrece, aunque con la niebla caliente el consumo sube mucho. Tienes más opciones en las categorías de dormitorio y salón.

Si en tu zona el agua es dura, algo habitual en casi toda la mitad sur y en buena parte del interior, piénsalo dos veces antes de llenar un ultrasónico con agua del grifo. La EPA explica que este tipo de aparatos dispersa en el aire los minerales del agua, y eso es el polvo blanco que acaba sobre los muebles. O usas agua destilada o te vas a un evaporativo como el Philips HU2716 NanoCloud, que deja la cal en el filtro a cambio de tener que cambiarlo cada pocos meses.
Hay tres errores que vemos repetirse cada invierno. El primero es poner el aparato a tope sin higrostato y acabar por encima del 60 %. Con ese nivel aparecen condensación en los cristales y moho en las esquinas, y la Organización Mundial de la Salud, en sus directrices sobre humedad y moho en interiores, relaciona esa humedad excesiva con más síntomas respiratorios y más asma. El segundo es no limpiarlo. La propia EPA recomienda vaciar y rellenar el depósito cada día y limpiar el aparato cada tres días, porque en el agua estancada crecen microorganismos que luego salen al aire. El tercero es colocarlo pegado a la cama o a un enchufe, cuando lo razonable es dejarlo a media altura y a cierta distancia de personas y aparatos.
¿Y la factura? Menos de lo que se suele pensar. Un ultrasónico o un evaporativo consumen del orden de 20 a 30 vatios, muy lejos de lo que gasta el radiador que está secando el aire. Los de vapor caliente sí se notan. Tienes los números para tu caso en la página de coste de uso.
Por último, un aviso. Si con la humedad ya entre el 40 % y el 50 % siguen la sequedad de garganta, los sangrados de nariz frecuentes o la tos, el aire de casa deja de ser la explicación más probable y conviene que lo vea un médico. Un humidificador corrige el aire, no trata enfermedades.